Ahora es real… Ahora no lo es…
Pongamos por caso algo neto, definitivo, tipo la muerte.
Cuando llegue la muerte, a uno siempre le vendrá mal, por definición, por estadística.
Pero en lo que se refiere a la aceptación de la muerte, ¿no es más fácil aceptarla escuchando una gloriosa balada de rock y tirándose por la cabeza un cubata tamaño extra-triple? Porque si te llega a las once y cuarto de la mañana del martes, cuando estás haciendo masa de buñuelos y tienes que ir a por la niña dentro de una hora y veintisiete minutos, suele venirte peor.
Cuando tus planes son importantes, te viene mal.
Cuando no lo son, te viene bien (o te da igual).
¿Depende de la música? ¿Del biorritmo? ¿Nuestros planes típicamente diurnos son realmente importantes, o nuestro pasotismo etílico digno de ser tenido en cuenta?
Después de casi nada estudiarlo, aquí mis verdades provisionales:
-El pasotismo (o apasionamiento) de tipo etílico (y sus variantes, el alcohol no es necesario, vale cualquier cosas nacida de la emoción pura sin filtrar). Vale y mucho.
-Los logros racionales (tipo construir una pirámide piedra a piedra). Vale y mucho. Tienen que ser cosas valiosas en sí mismas (es decir, valiosas para uno mismo y también para los otros, aunque sólo sea en teoría => terminarse un juego PS de guerra no vale).
-Esforzarse tipo "a largo plazo": si sale bien, muy gratificante, sirve de base para nuevos proyectos. Si sale mal, cagada gorda, sensación de empezar desde cero.
-El resto: actividades de relleno, da igual su naturaleza. Ojo, porque pueden servir para ayudar en los otros objetivos/aspectos, o servir para joderlos.
Interrelación objetivacional. Algunos objetivos/maneras de ser, interfieren con los otros, mucho o poco. Hay que buscar el equilibrio (normalmente el equilibrio nos busca a nosotros). Por ejemplo, meterse rayas de coca puede estar muy bien (para cubrir el área irracional), pero si al día siguiente te despiden de cualquier trabajo, fatal para el área racional. Resultado, cero pelotero. Y el área irracional, por desgracia, es más volátil que el área racional. Tenemos, de fábrica, muchas más horas de racionalidad que cubrir.
Me falta el área subconsciente, que es mezcla de ambos (racional e irracional). Por ejemplo, dormir escuchando los grillos o unos ladridos de perro, frente a dormir con sonidos apagados de ambulancia o putas gritando "dame más".
Alguien que esté acostumbrado a dormir en el campo, encontrará natural y relajante dormir con sonido de grillos o agua corriente. Y encontrará terrible los sonidos de borrachos gritones o música alta durante sus horas de descanso. Esta vaguedad puede llevarse casi a cualquier campo del inconsciente. Los colores, los olores... De una manera u otra, nuestro yo consciente va ocupándose de suplir esas necesidades subconscientes (o bien falla como una escopeta de feria)
Cuidadín, porque los mayores logros pueden parecer (y ser) papanatas si nuestro área insconsciente está en bragas.
Todo bajo control.
Evidentemente, todo esto es relativo.
Uno puede desear ser el Emperador de la China, pero si ha nacido en Badajoz, 1997, la cosa está pelín difícil. Y tampoco es cosa de quedarse frustrado ante el primer muro de la realidad.
Los mecanismos para querer ser Emperador de la China y no poder serlo, sin sentirse frustrado, e incluso sentirse realizado, son bastante complejos, así que lo dejamos para otro día.
Cuando llegue la muerte, a uno siempre le vendrá mal, por definición, por estadística.
Pero en lo que se refiere a la aceptación de la muerte, ¿no es más fácil aceptarla escuchando una gloriosa balada de rock y tirándose por la cabeza un cubata tamaño extra-triple? Porque si te llega a las once y cuarto de la mañana del martes, cuando estás haciendo masa de buñuelos y tienes que ir a por la niña dentro de una hora y veintisiete minutos, suele venirte peor.
Cuando tus planes son importantes, te viene mal.
Cuando no lo son, te viene bien (o te da igual).
¿Depende de la música? ¿Del biorritmo? ¿Nuestros planes típicamente diurnos son realmente importantes, o nuestro pasotismo etílico digno de ser tenido en cuenta?
Después de casi nada estudiarlo, aquí mis verdades provisionales:
-El pasotismo (o apasionamiento) de tipo etílico (y sus variantes, el alcohol no es necesario, vale cualquier cosas nacida de la emoción pura sin filtrar). Vale y mucho.
-Los logros racionales (tipo construir una pirámide piedra a piedra). Vale y mucho. Tienen que ser cosas valiosas en sí mismas (es decir, valiosas para uno mismo y también para los otros, aunque sólo sea en teoría => terminarse un juego PS de guerra no vale).
-Esforzarse tipo "a largo plazo": si sale bien, muy gratificante, sirve de base para nuevos proyectos. Si sale mal, cagada gorda, sensación de empezar desde cero.
-El resto: actividades de relleno, da igual su naturaleza. Ojo, porque pueden servir para ayudar en los otros objetivos/aspectos, o servir para joderlos.
Interrelación objetivacional. Algunos objetivos/maneras de ser, interfieren con los otros, mucho o poco. Hay que buscar el equilibrio (normalmente el equilibrio nos busca a nosotros). Por ejemplo, meterse rayas de coca puede estar muy bien (para cubrir el área irracional), pero si al día siguiente te despiden de cualquier trabajo, fatal para el área racional. Resultado, cero pelotero. Y el área irracional, por desgracia, es más volátil que el área racional. Tenemos, de fábrica, muchas más horas de racionalidad que cubrir.
Me falta el área subconsciente, que es mezcla de ambos (racional e irracional). Por ejemplo, dormir escuchando los grillos o unos ladridos de perro, frente a dormir con sonidos apagados de ambulancia o putas gritando "dame más".
Alguien que esté acostumbrado a dormir en el campo, encontrará natural y relajante dormir con sonido de grillos o agua corriente. Y encontrará terrible los sonidos de borrachos gritones o música alta durante sus horas de descanso. Esta vaguedad puede llevarse casi a cualquier campo del inconsciente. Los colores, los olores... De una manera u otra, nuestro yo consciente va ocupándose de suplir esas necesidades subconscientes (o bien falla como una escopeta de feria)
Cuidadín, porque los mayores logros pueden parecer (y ser) papanatas si nuestro área insconsciente está en bragas.
Todo bajo control.
Evidentemente, todo esto es relativo.
Uno puede desear ser el Emperador de la China, pero si ha nacido en Badajoz, 1997, la cosa está pelín difícil. Y tampoco es cosa de quedarse frustrado ante el primer muro de la realidad.
Los mecanismos para querer ser Emperador de la China y no poder serlo, sin sentirse frustrado, e incluso sentirse realizado, son bastante complejos, así que lo dejamos para otro día.
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